The Netflix Generation

Focus on class

obstructing human individuals

We are the Cultural De- Generation.

Social substances

imperiled by a market

of risk takers.

Cloud hoppers

hoping our feet won’t sink in the mist

of their mechanic wing.

Modern colonization

of ideas

thoughts

minds

bodies

soiled souls.

We are predatory ghosts to our

would have beens

scrolling with our eyes

and our fingers

living through lives that are not ours.

tvdrug

Para Mila:

Somos mosaicos
Compuestos de pedazos
Que se quiebran con el tiempo

Enguijarrados de colores que cuentan historias

Trozos de carcajadas que hacen doler la panza
Fragmentos de llantos que hicieron doler el alma

Un cacho de marmol frio
Que se desprende de un corazon frigido
Cuando se enamora

Piedras de colores a la orilla del mar
Donde un pensamiento repentino
Se convierte en idea

Las Musas se mueven sin cesar por el aire y la tierra
Recolectando materiales silenciosamente

Uniendo las partes de esta obra existencial
Sobre el hilo rojo
Que conecta nuestras vidas

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¿Sola?

“Estoy asombrado” nos comenta un guía turístico en Dublin. “El 90% de las personas en este recorrido son mujeres y todas viajan solas. No es algo normal.” Miro a mi alrededor. Sentadas en el bar hay aproximadamente diez mujeres, algunas jóvenes, otras no tanto. Charlan entre ellas mientras que degustan cervezas y esperan a arrancar la siguiente parte del tour. 
Me encantaría decir que el comentario de nuestro simpático guía me sorprende. Pero no. Inclusive antes de que mi viaje comience, la palabra “sola” inmediatamente se convierte en tema de conversación. 

“Sola? Estas loca ¿No te da miedo? Mira que es todo muy lindo pero la realidad es que para una mujer viajar sola es mas peligroso”…. “No viste Taken?”  
A lo largo de este mes y medio me cruzo con mas gente, hombres y mujeres, que parecen pensar de la misma manera. Las reacciones varían entre asombro, horror, preocupación, y duda en cuanto al sentido común de mis padres. Como puede ser que no me hayan encerrado en un cuarto hasta que se me vaya la fiebre, la locura, de querer viajar SOLA?!

“Que valentía,” me dice un hombre que me cruzo subiendo uno de los Montes Tatra al sur de Polonia, “estar caminando por el bosque y las montañas completamente sola, no es algo que haría mi mujer.” 

¿Valiente? Valiente me sentiría si estuviese tirándome de un avión.

Yo no me siento valiente, me siento normal. Simplemente porque este mundo es tan mío para explorar “sola” como de cualquier persona. 

“Y usted señor, que sube la montaña solo, también se siente valiente?”

Si. Soy mujer y no viajo acompañada. Desde el momento que decidí hacerlo me convertí en potencial víctima de todo lo que, sin haber siquiera armado la valija, me podía llegar a pasar por querer viajar “sola”. Mentiría si dijese que en momentos no me plantee esperar a que alguien me acompañase. Mentiría también, si dijera que en este ultimo mes no hubieron momentos en donde surgieron dudas, miedos, inseguridades- inculcados en mi hace años- por todo lo que me puede llegar a pasar estando sola. 

Como si un maleante con bigote estuviese esperando en cada esquina para atarme a las vías de un tren.

La realidad es que viajo “sola”, pero no lo estoy.

Porque cuando camino por la calle, por la montaña, en silencio, y dejo que me llene todo lo que me rodea, estoy mas acompañada que cualquiera. 

Cuando me siento a escuchar un violinista tocar las cuatro estaciones de Vivaldi, una noche fría en una plaza de Brujas, no me siento sola porque no lo estoy.

Cargo con dos mochilas-una que parece ser el doble de mi tamaño- y camino mas de 20 kilometros todos los días. Siento que mis piernas se fortalecen y cada vez me pesa menos. Mi andar se vuelve mas y mas ligero con el tiempo, no solo porque mis brazos y piernas se vuelven mas fuertes, pero porque a medida que me voy moviendo dejo atrás dudas y miedos que cargue por veintidos años. 

Los dejo para hacer lugar para los que están por venir. 

No estoy “sola” cuando decido pasar una hora subiendo una colina para poder ver caer el sol sobre la ciudad de Edinburgo.

Tampoco cuando paso nueve horas recorriendo el monte Tatra, para encontrarme con un lago gris, congelado, rodeado de montañas negras con capucha blanca. 

Cuando llego a la cima y me acuesto en el pasto y siento que mi respiración se va des-acelerando. 

Que mis pulmones se llenan de aire fresco, aire libre: tan libre como lo soy en ese momento. 

Me acompañan mis pensamientos, mis reflexiones, mis pocos años. Todo lo que quiero ver y hacer. La persona que fui y que aveces no recuerdo; la persona que soy y en la que me estoy convirtiendo. 

Me acompaña el aroma del pan recién horneado en las calles de Turquia y el murmullo de la gente levantándose a la mañana para ir a trabajar. 

Me acompaña el recuerdo de mi abuelo cuando encuentro escondida en una calle angosta una casa de estatuillas de cerámica que se parecen a los dibujos que hace mucho tiempo hacia el. 

Me acompañan mi recuerdos: muchos buenos y otros malos. El interminable rompecabezas que voy armando por dentro y por fuera. 

La incertidumbre en momentos también se vuelve parte de esta experiencia. Como cuando me quedo dormida en un tren y termino en una ciudad desconocida en el medio de Polonia a las 2:00am, sin un alma que me diga que hacer, como reaccionar. 

Así comienzo a confiar en mi instinto: respiro profundo, lucho en contra de la ansiedad y el miedo, busco la solución. Todo tiene solución. 

En muchas ocasiones dudo de lo que debería o no hacer, por miedo a lo que puede llegar a pasar, o hasta lo que podrían llegar a pensar de mi.

Desafío ese sentimiento cuando, por ejemplo, me quedo “sola” tomando una cerveza en un pub de Dublin mientras converso con Mike, un viejo irlandés que me cuenta la historia de las baladas típicas que esta tocando la banda y del recorrido que hace todos los años por el camino de Santiago de Compostela. Mientras, evadimos las miradas de hombres y mujeres, que desde lejos juzgan el desenlace de una simple charla entre dos almas: una joven, una vieja; una que mira hacia adelante, la otra hacia atrás. 

Indignada le cuento sobre las expectativas que tiene la sociedad, esa manía de inculcar la manera “correcta” de vivir la vida. El molde, le digo, la caja de cristal, tan transparente, que hasta creemos que no existe. 

“Stop looking for excuses in others and start doing”, dice con un aire severo y a la vez comprensivo.   

Que la gente que me rodea, que me quiere, solo quiere lo mejor para mi: aunque no sea lo que yo quiera.  

“Respect other’s choices and views, but go for what you want. You know exactly what it is.”

No nos conocemos pero su sinceridad me manda de un bofetazo devuelta a la tierra.
Inclusive cuando me siento sola; cuando extraño la compañía de mis amigos, de mi familia. Cuando pienso en algo y quiero compartirlo, o cuando veo algo gracioso y tengo que conformarme con reírme conmigo misma. 
Se que el ser humano no necesita aislarse para sentir que esta solo y hasta en esos breves pero imponentes momentos de soledad, no pierdo la convicción de que estoy haciendo lo que tengo derecho a hacer, como mujer y como persona, para crecer, para aprender, para enfrentarme a mis miedos y a mis prejuicios. Para vivir plenamente rodeándome de gente, culturas, y lugares nuevos- y así poder entender mejor los viejos.

Introduction

“Once again…welcome to my house. Come freely. Go safely; and leave something of the happiness you bring.”
― Bram Stoker

Let me start by saying, this is not a travel blog. Yes, I conveniently decided to begin blogging as my plane is about to lift off, and I make my way through the Atlantic back to the motherland with a backpack and a camera. But travel- or what I like to call human instinct leading the body- although important to its purpose, is only a small part of this blog. If I am being completely honest, it is an excuse to finally put something down and venture into the cybernetic world of angry, opinionated, emotional, and sometimes quite intelligent bloggers. I’ll fit in just fine.

It is a place for stories and happenings; for adventure and mischief. Getting on a plane was the easy part. It’s not the doing of things, but what we take from them that really matters. I decided that the only way I could fully understand what was going on around me, was to walk in someone else’s shoes, and think about what it took to do so after. What size and shape where they? What did the ground feel like? Do they feel light or heavy? Are they comfortable for me, or would I want to change them? Could I adapt and learn to live in them?

This blog might shift and change throughout time, and I can’t guarantee it will all be pretty. As a matter of fact, its flexibility is essential to the one purpose that, regardless of the theme, the style, the stories it tells, will never change: to make me, and anyone reading, pay attention, reflect, and think. Even if it is to laugh, or criticize, or wonder why anyone would give me access to technology. Honest and raw; uninhibited and unapologetic. That is the starting goal. If it changes, I am sorry in advance; if it doesn’t, I am sorry too (but hey I warned you and can’t be held liable for any psychological damages). If you’re feeling discouraged to continue reading, think of this blog as your favorite pokemon: it can only get better as it evolves.

Now this is where things get a little serious, so bare with me because I think it is necessary. More than anything, this space is an opportunity to look into what makes us all so individually complex yet intrinsically equal to one another. If there’s one thing that I’ve come to believe is that even though our capacity to garner knowledge, think, build, and create seems almost unlimited, our need and will to empathize with one another can be but mere ideology. The theory, or my theory in any case, is that beyond our basic human capabilities our ability to empathize is what separates us from other species- it’s also the one we historically seem to use the least. There’s an empathy gap. I know there are many other factors to consider, such as social policies and deeply ingrained norms, and all the what-nots it seems we cannot control. Whether I’m right or wrong either way works. The point is to connect the dots.

Writing has always been just that to me: connecting the dots. More specifically, the ones in my head. If you’ve ever felt like your mind changes from one thing to the other faster than a race car, giving your mouth absolutely no time or opportunity to keep up with it, then you understand what I mean. Some way or another the dots in your head are connected, and as you move from A-Z in a matter of seconds the thoughts leave you before they get a chance to speak them. Until you begin writing  things down.

So here I am, putting things down on….paper? So that I can learn, absorb, live a little piece of the world one step at a time to try to understand other people’s realities (past and present), and maybe make some sense of mine. To make things short(er): that is my madness, this is my method.